No fue ni 0.001% de El Niño que se viene. No fue un huaico.

No fue una tormenta histórica. Fueron tan sólo 10.4 milímetros de lluvia, una llovizna (que es casi nada, pero podemos imaginarnos lo que puede ser cuando de verdad llueva). Son sólo 10.4 litros de agua por metro cuadrado, caídos entre las 4 de la tarde del miércoles y las 6 de la mañana del jueves, que bastaron para inundar 65 puntos en Lima Sur, meter agua a casas en Villa El Salvador, cerrar dos colegios, obligar a vecinos de Villa María del Triunfo a limpiar con escobas por tercer día consecutivo y desplegar camiones de succión de SEDAPAL toda la madrugada. Cortesía fotos Huánuco Informa

No vamos a hablar ni de la falta de preparación del Alcalde de Lima ni de la Presidenta por que ya sabemos la respuesta.

Ese es el inicio de El Niño en Perú. No con un golpe, sino con una advertencia. Y el Estado no la escuchó. Porque en Perú, El Niño no está en UCI como debería estarlo. Cuando un paciente entra a emergencia con gravedad, se les conecta sensores. Hoy no tiene pulso. No tiene electrocardiograma. No tiene memoria en las cámaras, ni nadie está grabando. Llega, golpea, se va, y el país vuelve a reconstruir lo mismo, en el mismo lugar, esperando que la próxima vez sea diferente o mejor. Es la historia que se repite desde hace décadas: el Estado peruano ha desperdiciado una gran oportunidad para aprender. El estado se acomoda, hace su plata de la emergencia, a costa de la desgracia de todos los afectados. Como ya lo hemos bautizado "bomberos de barro" que son pagados por los decretos supremos de urgencia y dineros descontrolados para sacar las maquinarias a limpiar literalmente la incompetencia.

"Yo hablé de prepararnos para el siguiente El Niño cuando sucedió el huaico de Chosica con el Alcalde Castañeda Lossio, y su respuesta fue contundente ´las autoridades que sigan, sabrán como responder en su momento´", acotó Cabrejo.

Perú, en su era moderna, ha tenido decenas de El Niño para ponerle sensores al territorio, para medir cada quebrada, cada pendiente, cada cambio de velocidad del agua, cada milímetro que se convierte en aniego. No lo hizo. Y ahora, mientras todo el Perú se inunda con llovizna, un hombre en Lima dice algo que suena a desafío: "Yo no me lo voy a perder." Luis H. Cabrejo, el autor que hace 20 años propuso que las Líneas de Nasca no eran dibujos sino un sistema de gestión hidráulico, no va a mirar este El Niño como espectador. Va a mirarlo como estudiante, aprendiendo como evoluciona y que se debe de hacer para gestionarlo. Esto se llama #CodigoNasca

"El Estado no lo ha hecho, pero yo sí lo voy a hacer. Yo sí voy a aprender. Vamos a ir aprendiendo todas las travesuras que hace El Niño", dice Cabrejo.

Travesuras. Esa es la palabra que usa. Porque El Niño no es solo un fenómeno climático. Es un personaje que engaña, que se esconde, que sube por una quebrada y baja por otra, que inunda un distrito y deja seco al de al lado, que con 10 milímetros tumba una ciudad que cree estar preparada.

Cabrejo quiere documentar cada travesura. No con fotos de dron después del desastre. Con datos antes y durante. Con el Nodo 0. Con el primer sensor. Con el primer latido.

Su propuesta, que él llama Código Nasca, es simple y radical a la vez: poner al Perú en UCI. Si un paciente en cuidados intensivos tiene monitores de pulso, presión, oxígeno y temperatura, ¿por qué un país que vive bajo El Niño no tiene monitores de lluvia, caudal, velocidad y turbidez? Si hubiéramos tenido esos nodos esta semana en Villa María del Triunfo, habríamos visto subir el agua en tiempo real. Habríamos sabido qué quebrada respondió primero. Qué pendiente falló primero. Qué señal se repite antes de que el agua entre a la casa.

Hoy solo sabemos que llovió 10.4 mm y que 65 puntos se inundaron. No sabemos el porqué exacto, ni el cómo, ni el cuándo preciso. Y sin ese porqué, el próximo El Niño nos volverá a sorprender. Por eso Cabrejo no escribe para este El Niño. Escribe para el de 2030.

"Yo voy a estar preparado en 2030", dice. "Y no voy a estar solo. Van a estar las IAs conmigo. "Esa es la parte que el Estado no entendió: el conocimiento no se guarda en un ministerio. Se guarda en datos. Y los datos, una vez medidos, pueden ser leídos por humanos y por inteligencias artificiales en cualquier parte del mundo, en cualquier momento.

En 2030, cuando El Niño vuelva con más fuerza, Cabrejo quiere tener la memoria que el Perú nunca construyó: la memoria de qué hizo El Niño en 2026, en 2027, en 2028, en 2029. Cada travesura anotada. Cada señal aprendida. Mientras tanto, en Villa El Salvador, los vecinos siguen sacando agua con escobas. En Villa María, los niños siguen sin clases. En Lima Sur, el hashtag de hoy es #NoEstaPreparadaParaLasLluvias. Tienen razón. Lima no está preparada. Pero hay alguien que sí se está preparando. No para esta lluvia. Para todas las que vienen. Y ha decidido no perderse ni una sola.

Cabrejo advierte, esto será una desgracia exponencial cuando los parásitos, zancudos, ratas, y todas las enfermedades asociadas den el golpe de gracia a los ciudadanos inundados. Un vaticinio que no escapa de la realidad.