He caminado los cerros del Perú desde que trabajo instalando antenas y los desiertos de Nasca durante más de veinticinco años. He instalado los primeros enlaces satelitales en comunidades andinas olvidadas, he visto cómo la tecnología puede unir lo que el olvido separó. No soy de los que gritan catástrofes. Prefiero construir soluciones silenciosas. Sin embargo, hay momentos en que el cuerpo y la observación prolongada hablan más fuerte que los modelos. Y hoy, mirando la convergencia de ciclos naturales y realidades estructurales de nuestro país, siento la necesidad de compartir una reflexión serena: Perú enfrenta una ventana de riesgo elevada en los próximos meses. No una predicción —nadie puede dar fechas—, sino un reconocimiento honesto de factores que se están alineando.
Lo peligroso no es uno u otro fenómeno por separado. Es su posible coincidencia.
El Cinturón de Fuego no perdona. La placa de Nazca sigue subduciendo bajo Sudamérica con acumulación tectónica constante. En Lima, el déficit sísmico desde el gran terremoto de 1746 sigue siendo una cuenta pendiente geológica. Al mismo tiempo, los pronósticos indican la posible llegada de un Niño fuerte o Mega Niño en 2026-2027, con las lluvias intensas, saturación de suelos y huaicos que ya conocemos.
Un sismo importante en medio de suelos saturados multiplica dramáticamente los efectos: licuefacción en arenales y rellenos, colapso de edificaciones de quincha y adobe en cerros, bloqueo de vías, contaminación masiva de agua y dificultad extrema para la respuesta estatal. Lo que en un terremoto “normal” sería un desastre grave, en este escenario podría convertirse en un colapso localizado de servicios básicos durante semanas críticas inclusive meses (recordemos Pisco).
He visto sufrir a la gente en Pisco 2007 y en los sismos anteriores. Sé cómo se vive el miedo y la solidaridad posterior. Pero también sé que, cuando se suman agua descontrolada, caminos cortados y comunicaciones caídas, la vulnerabilidad se dispara. Especialmente en nuestras ciudades con ordenamiento territorial frágil y miles de viviendas informales.
Por eso, en lugar de miedo, elijo acción
Desde hace años venimos trabajando en una red de resiliencia concreta: los ChasquiRouters V32, nodos offline-first que funcionan sin internet, con energía solar, capaces de entregar educación, mapas de evacuación, manuales de purificación de agua, primeros auxilios y comunicación mesh local aunque todo lo demás falle. No son gadgets. Son semillas de soberanía. En cada aula, en cada comunidad, un nodo de defensa civil en cada caseta municipal con o sin internet que sigue latiendo cuando la red colapsa. Niños que aprenden a capturar agua de la niebla y los puquios, a desinfectarla, a reconocer señales de riesgo y a reconstruir con materiales locales. Eso no evita el evento, pero cambia radicalmente el resultado humano. El Código Nasca 2.0 no son solo proyectos educativos. Son preparación ancestral-moderna para lo que venga. Porque los incas no esperaban pronósticos satelitales: observaban, sentían y preparaban. Nosotros, con las herramientas de hoy, podemos hacer lo mismo. Soy propietario de una señal nacional de TV y no tengo material actualizado para saber que hacer si algo sucede. Estoy seguro que todos los canales van a colapsar al igual que el mío por falta de electricidad o por que se cayeron las antenas o el internet y ¿el estado no lo sabe?
No escribo esto para asustar. Lo escribo para despertar del letargo y reaccionen
Senadores y Diputados, nuevos ministros, nuevo ejecutivo: He tratado de advertir, me he comunicado con INDECI, gobiernos regionales, locales, PCM, he llamado a casi todos mis amigos políticos. No quiero decir nombres por que los comprometería por su inacción y desidia. Pero la responsabilidad de escribirlo recae netamente por que yo si puedo imaginar. Tengo la capacidad de ver las posibilidades de lo que podría pasar en ambos casos por separado (Un mega Terremoto solo con un mega El Niño por separado) pero hoy he pensado, y es posible que suceda, en que ambos ocurran en paralelo, simplemente por que El Niño puede durar muchos meses inclusive más de un año y eso eleva las probabilidades para una desgracia doble. No hablar de esto sería irresponsable y tenemos que estar preparados para lo peor, para salir airosos de cualquier eventualidad.
Tenemos tiempo de fortalecer nodos, precargar manuales de supervivencia, entrenar comunidades y multiplicar la infraestructura offline que ya estamos probando. La verdadera soberanía hídrica y digital no se mide en megabits, sino en cuántas familias pueden seguir bebiendo agua limpia y coordinándose cuando el sistema central se silencia.Sigo sin ser alarmista. Sigo siendo un constructor. Pero el presentimiento cultivado de quien ha estado en el territorio me dice que este es momento de acelerar, no de esperar.
Recordemos el doloroso Yungay al final del periodo de lluvias en 1970
El 31 de mayo de 1970, a las 3:23 pm, un terremoto de magnitud 7.9 sacudió el departamento de Áncash. El epicentro estuvo frente a las costas de Chimbote, pero el verdadero horror ocurrió en el Callejón de Huaylas.El sismo desestabilizó la cima norte del Huascarán (la montaña más alta del Perú). En cuestión de minutos, un gigantesco alud-glaciar (mezcla de hielo, roca, lodo y escombros) de más de 50 millones de metros cúbicos se desprendió desde casi 6.700 metros de altura. Bajó a velocidades que superaron los 300 km/h y sepultó por completo la ciudad de Yungay y varios pueblos aledaños (Ranrahirca, etc.). Datos crudos del desastre:
- Muertos estimados: entre 20.000 y 25.000 personas (la mayoría en Yungay).
- Solo sobrevivieron unos 400 en Yungay, muchos porque lograron subir al cementerio (el único punto alto que quedó).
- El alud tardó aproximadamente 4 minutos en recorrer los 14-16 km desde la montaña hasta la ciudad.
- Enterró Yungay bajo 10-15 metros de lodo, rocas y hielo. Hoy solo se ve la torre de la iglesia y algunas palmeras como testigos mudos.
- Fue el desastre natural más mortífero de la historia del Perú y uno de los aludes más grandes registrados en el mundo.
El desastre de Yungay se produjo al final de la época de lluvias en la sierra norte del Perú (Áncash)
Detalles clave sobre el clima:
- Época lluviosa en Áncash / Callejón de Huaylas: normalmente de noviembre a abril/mayo. Mayo es el mes de transición hacia la estación seca.
- El 31 de mayo de 1970 cayó hacia el final de la temporada de lluvias. Los suelos de la zona ya estaban saturados por las precipitaciones acumuladas de los meses anteriores.
- No hay reportes de que estuviera lloviendo fuertemente justo en el momento del sismo (era de tarde, 3:23 pm), pero la saturación previa del terreno fue un factor decisivo.
- Esa humedad acumulada, combinada con el hielo y nieve derretida del glaciar que se desprendió, convirtió el alud en un flujo de lodo (debris flow) mucho más fluido y destructivo. Los suelos saturados facilitaron la licuefacción y el rápido avance del material.
En resumen: No fue en plena estación seca, sino en el cierre de la época lluviosa, con suelos ya cargados de agua. Eso multiplicó enormemente la magnitud del desastre (exactamente el mismo mecanismo que tememos con un Mega Niño + sismo). Paralelo con lo que hablamos: Esto refuerza mi intuición. Cuando un sismo fuerte coincide con suelos saturados (por lluvias o por Niño), el riesgo de aludes, huaicos y licuefacción se dispara dramáticamente. Yungay es el ejemplo histórico más doloroso de esa convergencia en el Perú.
El desierto de Nasca en Ica guarda memoria de ciclos milenarios. Nosotros también podemos aprender de ellos. Los terremotos no son predecibles en escala de meses o años. No hay modelo matemático, IA, o patrón estadístico que permita decir "habrá un gran terremoto en Perú en 2026 o 2027". La comunidad científica global está clara: la predicción precisa de terremotos es imposible con la tecnología actual.
Lo que sí existe:
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Probabilidad sísmica a largo plazo (décadas, siglos): Perú está en el Cinturón de Fuego, subducción de Nazca, histórico de grandes sismos (1687, 1746, 1940, 1970, 2007, 2019...)
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Carga acumulada en fallas específicas (Lima, por ejemplo, tiene déficit de liberación desde 1746)
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Alerta temprana de segundos (sismos ya iniciados, no predicción)
Pero "este o el próximo año durante el Mega Niño" — eso es fuera del alcance de cualquier cálculo honesto.
El Niño y los terremotos no están causalmente ligados
La carga tectónica no depende del clima. Pero las consecuencias sí se multiplican en caso suceda juntos:
| Terremoto solo | Terremoto + El Niño |
|---|---|
| Colapso estructural | Colapso + huaicos + saturación de suelos |
| Cortes eléctricos | Cortes + inundaciones + imposibilidad de reparar |
| Respuesta de emergencia normal | Respuesta colapsada por múltiples frentes |
Eso no es predicción. Es planificación de escenario
Y eso sí está en mi plan de: no usar DUs para eventos predecibles. El Niño es predecible. El terremoto no. Pero la combinación es preparable.
La importancia de patrones en datos que se puede explicar completamente con la ciencia actual
Y el patrón que se ve claramente, es este:
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Lima: déficit de liberación sísmica desde 1746. 280 años. Eso es anormal incluso para estándares geológicos.
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El Niño 2026-2027: cargas hidrológicas masivas en suelos ya inestables.
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Subducción de Nazca: acumulación continua, sin descarga mayor reciente.
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Histórico peruano: grandes sismos han ocurrido en contextos de estrés ambiental (1687, terremoto + tsunami; 1970, terremoto + aluvión).
No es predicción. Es reconocimiento de que las condiciones están cargadas. Convergencia de factores de riesgo no mitigados: