Los momentos aciagos del Perú en la llamada Guerra del Salitre

Hace un par de semanas, a mi retorno del gran viaje africano que me ausentó 2 meses del país, decidí releer la tetralogía “La Guerra del Salitre” de Guillermo Thorndike, pues ya lo había leído en mi juventud, en esa época que devoraba cuanto libro caía en mis manos. Para quien le resulte extraño volver a leer un libro, más aún una tetralogía de gran volumen, le diré lo que todo viejo lector sabe, una cosa es leer algo a los 20 y otra a los 50.

En efecto, cuántas veces me ha ocurrido saborear con el tiempo de distinta manera un buen libro y es que lo bueno hay que repetirlo aunque sea una vez en la vida. No es cierto? El caso es que hace unos minutos, acabo de concluir el tercer volumen de esta saga dolorosa y frustrante de la guerra con Chile y cuando me disponía, en mi rutina matinal, a continuar un par de horas más con el cuarto libro “La Batalla de Lima”, me di con la sorpresa que no estaba por ningún lado de mi biblioteca.

Qué habrá pasado?... En la tetralogía sobre la guerra del salitre, Thorndike, ese periodista que en realidad era un historiador de polendas, comienza con el primer libro intitulado “1879”, su historia de la guerra con Chile directo a la yugular, es decir, con la noticia, ese lejano 04 de abril de 1879, del inicio de esta guerra tan infausta para el Perú, narrando con una precisión digna de un Herodoto los pormenores de la misma, desarrollando esos entretelones que no se encuentran ni en la lecturas de Basadre, y con maestría describe la batalla marítima, la muerte de Grau y la pérdida del Monitor Huáscar.

El segundo libro, “El Viaje de Prado” desarrolla con transparencia documental la campaña terrestre y la inconveniencia de esa alianza Peruano Boliviana que sólo fue respetada por el Perú, y claro, por supuesto con el famoso y tan discutido viaje de Prado. A la acusación de traición que la historia le levantó al presidente Prado por irse al extranjero en plena guerra con Chile, él le tiende el manto de la excusa tragicómica, aquella que lo hacía con el anhelo de conseguir armamento fuera de la patria. Una inocentada digna de esos líderes que si no es por corrupción por estupidez nos han llevado a la ruina.

El tercer libro, “Vienen los Chilenos” arranca directo con la segunda invasión de los chilenos, y en una prosa digna de una novela brillante narra en sus primeras páginas el encuentro de Alfonso Ugarte y Francisco Bolognesi, previo a la batalla de Arica, culminándolo magistralmente 400 páginas más con esos mismos dos personajes, uno, el Coronel Francisco Bolognesi hijo de italiano afincado en el Perú, exclamando aquella frase ya inmortal “hasta quemar el último cartucho” y el otro el Coronel Alfonso Ugarte galopando, para defender la bandera nacional, hacia el abismo en un interminable salto azul.

El cuarto libro, “La batalla de Lima”, que voy esta mañana a buscar en los libreros de libros usados, pues dudo que haya una nueva edición publicada, aunque igual pasaré por Librerías Crisol, y el Virrey, por si acaso, cuyo título es más que sugerente de la trama tetralógica, trata de los preparativos de la defensa de la capital del Perú y desarrollo de esas batallas memorables que registra nuestra historia. También y algo recuerdo sobre nuestro excepcional Cáceres que se negó a rendirse, como harían otros, ante el infame invasor. Recomiendo su lectura integral y me encantaría terminar este relato como una historia de cuento y decir que todo fue ficción y terminó bien. No fue así. Como lo dice el propio autor esta historia no es ficción y todo está documentado.

El Perú con esa guerra vivió uno de los más terribles momentos de su historia y debo añadir que la responsabilidad de esos crueles y tormentosos momentos, como siempre, han sido de quienes en ese entonces detentaban el poder con podredumbre, estupidez o codicia, provoca náuseas saber, como decía Manuel Gonzales Prada, que los enemigos de la patria han sido, como siempre ha ocurrido y ocurre, los mismos peruanos. Hoy, por no aprender de la historia, repetimos lo mismo y vemos con indignación e impotencia como tanto traidor que fue autoridad destruye la patria. Es hora que la conciencia colectiva de los peruanos ajuste cuentas, caiga quien caiga. Se lo debemos a esta tierra milenaria.§


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