La percepción de los políticos peruanos como figuras guiadas por la codicia y el egoísmo es una opinión ampliamente compartida por la ciudadanía, respaldada por datos de desconfianza institucional y retrocesos en la lucha anticorrupción a inicios de 2026. Este sentimiento se fundamenta en los siguientes puntos críticos reportados recientemente: Crisis de Confianza Extrema: Hasta febrero de 2026, el 87% de los peruanos rechaza la labor del Congreso. Además, un 84% de la población no confía en los candidatos presidenciales que se perfilan para las elecciones de abril de 2026.
No te dejes engañar: Los que más comenten pecado, son los que más vemos rezando, en procesiones, en la iglesia
Aumento de la Corrupción Percibida: Perú ha caído drásticamente en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, pasando del puesto 94 al 130 en los últimos cinco años. Se percibe que sectores como el Congreso y el Ministerio Público son los focos principales de este problema. Poder como Beneficio Propio: Analistas políticos señalan que la clase dirigente suele concebir el poder no como un servicio público, sino como un medio para el enriquecimiento ilícito y el reparto de puestos estratégicos, viviendo "de espaldas al país".
Cuestionamientos al Ejecutivo: El ex presidente, José Jerí, enfrentó desaprobación Alta y lo vacaron. Un 68% de los ciudadanos consideraba que está implicado en actos de corrupción, incluyendo sospechas de favorecimiento a personas cercanas tras visitas a Palacio y temas de proxenetismos y prostitución. Ahora es muy tarde, simplemente lo "sacaron de palacio".
Inestabilidad Sistémica con 8 Presidentes en menos de 10 años:
La historia reciente muestra una sucesión de presidentes procesados o sentenciados (incluyendo a Martín Vizcarra y Pedro Castillo a finales de 2025), lo que refuerza la idea de una corrupción sistémica en las altas esferas del poder. Esta situación ha generado un profundo desinterés político; más del 70% de los peruanos manifiesta poco o nulo interés en la política debido al desencanto acumulado. Son 8 presidentes en menos de 10 años, lo cual nos pone al frente mundialmente igual o peor que los países africanos.
La codicia es la madre del subdesarrollo
- Fuga de Capitales y Corrupción: Cuando el interés personal prima sobre el bien común, los recursos que deberían destinarse a infraestructura, salud o educación terminan en cuentas privadas o se pierden en redes de tráfico de influencias, como señalan diversos análisis sobre la corrupción y el subdesarrollo en medios como El País.
- Extractivismo sin Visión: La codicia suele favorecer modelos de negocio basados en la explotación rápida de recursos naturales sin invertir en tecnología o valor agregado, lo que mantiene a los países en la llamada "trampa de los ingresos medios".
- Desigualdad Extrema: La acumulación excesiva en pocas manos reduce la capacidad de consumo de la mayoría y frena la movilidad social, factores que instituciones como el Banco Mundial identifican como barreras críticas para el desarrollo sostenible.
- Falta de Inversión en Capital Humano: Quien busca solo el lucro inmediato rara vez invierte en proyectos de largo aliento, como la investigación científica o la educación de calidad, que son los verdaderos motores para salir del subdesarrollo.
La codicia es uno de los siete pecados capitales
- Definición espiritual: Se define como el deseo desordenado de poseer riquezas y bienes materiales, poniendo el tener por encima de los valores espirituales o el bienestar ajeno.
- El antídoto: La Iglesia y diversas corrientes filosóficas proponen la generosidad o la largueza como la virtud contraria para combatirla.
- En la literatura: Dante Alighieri, en su Divina Comedia, sitúa a los codiciosos en el cuarto círculo del Infierno, condenados a empujar grandes pesos para simbolizar la carga inútil de las riquezas acumuladas.
Muchas veces, los que más cometen este pecado, son los que más vemos rezando, en procesiones, en la iglesia o usando a la iglesia en sus campañas políticas debido a que como todos sabemos, la política es el arte del engaño y siempre ha usado a la religión para engañar a los menos pensantes de las masas populares.

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