Isabel Acosta candidata al Senado (PEX)

Ser peruano en el exterior (PEX) para muchos todavía suena a algo nuevo, a una sigla administrativa o a un concepto estadístico. Pero la realidad es que no tiene nada de novedad; es la crónica viva de millones de nosotros. Es la historia de quienes un día, con el corazón apretado y una maleta cargada de incertidumbre, dejamos nuestra tierra, nuestras familias y el aroma de nuestras calles para buscar un futuro en un país desconocido.

Isabel Acosta: "Aprendí lo que significa estar lejos y también lo que es no olvidar de dónde venimos"

Ese camino no fue sencillo. Emigrar es, en esencia, volver a nacer en un cuerpo adulto que no conoce los códigos, el clima ni, a veces, el idioma del vecino. Sin embargo, lo hicimos. No solo sobrevivimos, sino que sobresalimos. El peruano no sabe ser espectador de su propia vida; somos protagonistas por naturaleza. Hemos construido restaurantes que hoy son templos de nuestra cultura, llevando el nombre del Perú a rincones donde antes ni siquiera sabían ubicarlo en un mapa. Hemos exportado el sabor del ají amarillo y el orgullo de nuestra herencia, convirtiendo la nostalgia en una marca global de excelencia.

Pero nuestra huella va mucho más allá de la cocina. Hemos creado empresas desde cero, generando empleo y dinamismo en economías ajenas que hoy se benefician de nuestro ingenio. Estudiamos bajo luces extranjeras, nos graduamos con honores y nos especializamos en campos de vanguardia. Somos esa fuerza silenciosa pero imparable que envía remesas que sostienen hogares enteros en el Perú. Hablamos de más de 4 mil millones de dólares al año; un flujo vital que se traduce en techos propios, educación para los sobrinos y salud para los abuelos. Ese dinero no es solo divisas; es amor convertido en transferencia bancaria.

 

 

Somos los médicos que hoy salvan vidas en hospitales de Madrid o Nueva York, los ingenieros que diseñan puentes en Asia y los científicos que investigan en los laboratorios más prestigiosos del mundo. Somos también esas madres y padres valientes que, aunque trabajen jornadas dobles, llegan a casa para enseñarles a sus hijos —muchos de ellos con acentos extranjeros— que su sangre tiene historia, que vienen de una tierra de imperios y que el Perú se lleva en el ADN.

 

 

El PEX no es alguien que se fue; es alguien que expandió las fronteras de la patria. No estamos lejos del Perú, estamos haciendo que el Perú sea más grande. Somos una red invisible que conecta el mundo con los Andes, la costa y la selva. Porque, aunque el pasaporte diga otra cosa, el corazón siempre late en el mismo horario que el de la tierra que nos vio nacer.

 

 


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