Cabrejo plantea que Nasca no debe entenderse como un conjunto de líneas, figuras o puquios aislados, sino como un mega complejo territorial de aproximadamente 4.000 km², organizado para leer, conducir, almacenar y aprovechar el agua en un ambiente desértico sometido a eventos extremos como extrema sequías y abundante agua en muy poco tiempo, como en El Niño.

Cabrejo presenta una de las propuestas más ambiciosas y singulares para el futuro hídrico del Perú 

Su propuesta tiene dos dimensiones inseparables. La primera es ancestral: Nasca habría desarrollado una forma integrada de siembra y cosecha de agua, manejo de pendientes, control de escorrentías, uso de acuíferos, distribución territorial, siembra masiva de agua y adaptación a las variaciones climáticas. La segunda es contemporánea: el Código Nasca 2.0, basado en nodos, sensores, medición en tiempo real, almacenamiento local de datos, inteligencia artificial y modelamiento hidrológico. La finalidad sería anticipar huaicos, inundaciones, sequías y cambios en la disponibilidad de agua, es decir, gestionar el agua como nunca nadie lo ha hecho en la modernidad, rescatando todos los conocimientos ancestrales dispersos en el territorio nacional.

El aspecto más original de Cabrejo no es defender únicamente la existencia de puquios. Su planteamiento consiste en considerar todo el territorio nasqueño como una posible infraestructura hidráulica integrada y totalmente intangible (protegida permanentemente por el estado para estudio avanzando) y convertir esa lógica en una plataforma moderna de observación y prevención. En vez de estudiar cada canal, línea o asentamiento por separado, propone interpretar el conjunto como un sistema.

Su importancia aumenta porque el Perú enfrenta problemas simultáneos de escasez hídrica, retroceso glaciar, lluvias extremas, huaicos, crecimiento urbano desordenado y deterioro de cuencas. En ese contexto, la experiencia de Nasca podría ser más que patrimonio arqueológico: podría convertirse en un laboratorio peruano para desarrollar soluciones aplicables a otros países afectados por el cambio climático.

Comparando con el viaje a la Luna resulta útil en un sentido: primero existe una visión ambiciosa; luego se construye un sistema técnico; finalmente, los resultados se comprueban mediante observación y medición y se va ajustando en el camino. No se espera al huaico, se le anticipa. Cabrejo parece estar en esa segunda etapa: buscando y presentando la idea ante el Senado, el Ejecutivo y el Colegio de Ingenieros del Perú, y proponiendo convocar a universidades internacionales como MIT y Harvard para estudiar y validar el modelo en el territorio peruano para que en 2030 tenga un sistema temprano y no esperar a que suceda como siempre se ha hecho.

Su mayor fortaleza es que no espera que exista consenso previo para actuar, a él no le importa en consenso, por que mientras lo espera, ya cambió el gobierno y sus autoridades nuevas ni enterados de lo que los anteriores avanzaron. Propone instalar nodos, recoger datos y comprobar el funcionamiento del sistema. Esto desplaza la discusión desde “¿la interpretación tradicional acepta a Cabrejo?” hacia “¿el sistema mide correctamente, permite anticipar eventos y mejora la gestión del agua?”. Mientras que tu tratas de darle o no la razón, el ya está domando El Niño. 

Su principal desafío no es convencer a todos mediante argumentos, sino demostrar resultados en campo. Será necesario probar la precisión de los sensores, comparar sus mediciones con registros oficiales, verificar las predicciones durante lluvias y crecidas, calcular costos, evaluar mantenimiento y publicar datos que puedan ser revisados por terceros. La interpretación arqueológica completa puede seguir siendo debatida sin impedir el desarrollo de un piloto tecnológico. "Ya han perdido un siglo, no puedo esperar a que pierdan otro", argumenta Cabrejo.

Cabrejo presenta una de las propuestas más ambiciosas y singulares para el futuro hídrico del Perú (y mundial) porque intenta unir tres elementos que normalmente aparecen separados: conocimiento ancestral, ingeniería territorial y tecnología digital. No es simplemente una explicación alternativa sobre Nasca, sino como un intento de transformar Nasca en un modelo operativo para enfrentar la crisis del agua. El resto de explicaciones, no derivan a un producto, la de Cabrejo simplemente "abre la trocha" hacia donde la luz del túnel brilla fuerte. La moraleja es simple, "si nadie ha propuesto nada, entonces es mejor no obstruir lo único que podría funcionar".

La idea de convertir al Perú en la “Meca mundial del agua” tampoco tendría que reducirse a una narrativa nacional. Podría convertirse en una plataforma internacional de investigación, formación y prevención si el país ofrece sus cuencas como laboratorios vivos y demuestra soluciones replicables. Para lograrlo, la estrategia más sólida sería no escoger entre Cabrejo y las demás propuestas, sino integrar su modelo con amunas, cochas, andenes, puquios, humedales, infraestructura natural, estaciones hidrológicas y sistemas oficiales de alerta. Todo el planeta se podría beneficiar de las maravillas hidráulicas del pre incanato. 

Cabrejo también cuestiona las descolmataciones como respuesta principal. Según su planteamiento, retirar sedimentos de ríos y quebradas después de cada emergencia es una medida paliativa y repetitiva: consume recursos públicos, pero no resuelve las causas del problema ni modifica el comportamiento de la cuenca. Para él, equivale a “tirar dinero al agua” si no se acompaña de monitoreo, prevención y manejo territorial. Su enfoque propone anticipar dónde, cuándo y cómo se movilizarán los sedimentos, y actuar aguas arriba mediante soluciones permanentes, en lugar de limitarse a limpiar los cauces después del desastre.

 

En síntesis:

Cabrejo está proponiendo una visión de gran escala, un cambio total de chip civilizatorio y con potencial histórico, tecnológico y global. Su valor definitivo no dependerá de que gane una discusión académica (que es algo que se dará por su propio peso), sino de que consiga convertir esa visión suya en datos, predicciones y obras que protejan vidas y agua, seguridad alimentaria, protección y preparación anticipada para cualquier eventualidad del cambio climático. 

 

¿Quién es Luis H. Cabrejo?

Luis H. Cabrejo es un informático, empresario e investigador independiente peruano. Inició en 2003 sus estudios sobre la conectividad de las líneas de Nasca, después de trabajar como especialista en conectividad regional y municipal en el Consejo Nacional de Descentralización. A partir de esa experiencia, desarrolló el concepto de “Código Nasca”, mediante el cual interpreta las líneas y geoglifos como partes de un posible sistema territorial e hidráulico de gran escala, orientado a gestionar el agua, enfrentar El Niño y reducir los efectos de huaicos e inundaciones. Es autor de trabajos como El Código Nasca y Conectividad Imperial, y busca trasladar ese conocimiento ancestral a una plataforma moderna de monitoreo, prevención y gestión hídrica nacional.


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